En
otro lugar y tiempo existía la costumbre de colgar medias para que Papá Noel dejara allí sus regalos.
Chesterton, el gran escritor inglés, no tenía mayores problemas
en admitir su existencia, o la de una entidad de tales características... Decía
que cada mañana estaba encantado y admirado de encontrarse con un regalo tan
grande que no cabía en una media, ni siquiera en dos medias... y que incluso
las excedía desproporcionadamente...
Claro,
estaba hablando del regalo de su propia y enorme persona...
Es
que lo que tenemos es don, un regalo...
Vemos
y oímos con ojos y oídos que nos han sido dados, pensamos con una
mente que nos ha sido dada...
Todos
nuestros logros académicos, deportivos, artísticos han sido obtenidos con lo
que hemos recibido.
Momento
particularmente triste para el ateo debe ser el sentirse agradecido y no saber
a quién agradecer.
Pero
nosotros tenemos a Quién agradecer...
Ahora,
como dice el Martin Fierro... El
hombre ciego viene al mundo... y a poco andar ya lo alcanzan las desgracias a
empujones...
Es, entonces, cuando aparece el sufrimiento,
cuando el lugar de la gratitud es, a
veces, ocupado por la confusión o
aun por la perplejidad...
Y nuestros sufrimientos tienen que ver,
especialmente, con aquello que perdemos.
“Pues tal es el orden de las cosas:
encontrar y perder, como le parece a aquel que navega siguiendo el curso de las
aguas…” (Tolkien, El Señor de los
Anillos, La Comunidad del Anillo, Adiós a Lórien)
Y
cuando lo que hemos perdido es algo que mucho hemos amado… caemos en la
cuenta de que la vida es un naufragio... Donde, por el momento,
algunas cosas subsisten, pero donde muchas otras se han perdido...
Y como náufragos que somos tenemos que remar. Si no remamos estamos perdidos. Y si remamos en una dirección equivocada también estaremos perdidos...
Hay, sin embargo, tres estrellas que han de guiarnos a un rumbo en el cual podamos ser rescatados.
La
primera estrella es la Verdad.
Tenemos que buscar la verdad con sinceridad, con serenidad, con humildad...
La
segunda estrella es el Bien. No
tenemos que tener vergüenza de ser buenos, de tener un corazón puro, una mirada
limpia, una mirada inocente... No ingenua. Inocente, que no es lo mismo.
La
tercera estrella es la Belleza.
Tenemos que poder contemplar la Belleza,
tenemos que buscar las cosas hermosas…
Y
aquí conviene hacer algunas distinciones.
Porque
no todo lo que brilla es oro… Y,
además, no todo oro brilla.
En
otras palabras, la Belleza forma una
Unidad con la Verdad y con el Bien.
La
belleza que no participa de esa trinidad es un espejismo, un engaño… un monstruo de apariencia agradable…
Pero
si navegamos siguiendo esa constelación de Verdad, Bien y Belleza podemos estar
plenamente confiados en que la brisa mágica de la Gracia
Divina ha de rescatarnos… y ha de llevarnos a las maravillosas playas de las Tierras Imperecederas.
Allí
habrá muchos encuentros… y hallaremos transfiguradas aquellas cosas por
las cuales hemos llorado… por haberlas erróneamente creído perdidas para
siempre en nuestro naufragio…
Que
esa
Gracia nos sea, a todos, concedida.