Rostros
sin edad… de una jovialidad inalterable… Seres nobles y esbeltos… Y aunque un claro acento en delicadeza hay en unos, y en robustez, en otros… hay
en todos fortaleza y también en todos, belleza…
Mirar
en sus ojos es asomarse a un misterio, pues cada uno es único, lo que en uno de
ellos se encuentra puede en los otros ser ausencia…
Una
luz hay en todos que de ellos emerge
y que, a la vez, como una vestidura los envuelve…
y con el encanto de una brisa cálida acompaña
la gracilidad que es en ellos patente…
Todo
es de una belleza tal que hiere el alma,
dulcemente,
hiere con el anhelo,
pues añora el alma la fuente
de la cual todo proviene…
De
la tierra surgen frutos que nutrientes les conceden…
Y cada alimento más plenos los hace…
y más próximos a la fuente,
a la fuente anhelada de la que todo procede…
Han
de llegar en algún momento,
infinita felicidad…
como un paso dado,
con naturalidad,
sin miedos, sin sufrimientos…
El
transcurrir es el diálogo que entre ellos se extiende…
Las palabras de unos son por otros escuchadas
así llegan a alturas que antes estaban vedadas…
Y son tales primicias en gratitud ofrendadas…
a los que habían hablado primero… haciendo también elevar su alma…
Todo
es en alabanza
a Aquel de Quien todo procede,
a Aquel si sin Quien son nada…
Las
maravillas contempladas,
como alimento van nutriendo
al ser de cada uno, que así se va haciendo
la perfección soñada
por Aquel a Quien están agradeciendo
Pero
hay una herida en el alma,
distinta y de una dulzura inesperada,
que se produce en el que halla
a quien, sin saber, amaba,
al encontrar en unos ojos, en su herida mirada,
un bálsamo para el corazón… que, ahora entiende, sangraba,
porque parte de su ser, al parecer, faltaba…
Aunque
más que ser sanado quiere ahora ser alivio,
calmar el dolor que percibe en esa herida mirada…
Y
como si tanta maravilla fuera escasa,
quien porta esa mirada ha encontrado en quien lo mira,
a su vez, lo que a su corazón le falta…
Ambos
de igual esplendor,
en todo se complementan…
fortaleza y delicadeza, determinación y belleza…
y exultan de gratitud hacia la fuente de la cual proceden
y a la cual ahora juntos regresan…
El
diálogo es entre ellos especialmente luminoso y fecundo…
y eso hasta tal punto que, por momentos, son una sola luz que resplandece…
y participa con gozo del manantial del cual todo proviene…
Y
un nuevo ser hay… y aun después más…
Y son seres que encuentran también en otros su par…
Seres que resplandecen…
Como innumerables estrellas que agradecen…
a la fuente de luz de la cual todo procede…
Pero
un Daño misterioso
que en el amanecer del tiempo ha habido
ha trastocado todo…
y solo despojos ha dejado
de lo que haber pudo sido…
Las
vestiduras de luz se han ido… los cuerpos desnudos, frágiles, grotescos han
quedado… La belleza y la juventud son ahora solo destellos efímeros… hundir los
ojos en la tierra para encontrar el sortilegio que las retenga es un esfuerzo inútil,
tarea condenada al fracaso… pues nada que no sea eterno nos satisfaría…
La
fuente de luz nos ha quedado aún más lejos en este mundo dañado… Tal vez
bastara con mirar a lo alto…
Innumerables
bondades subsisten pero solo como preciados fragmentos de lo que pudo haber sido…
Somos
seres únicos, sí, eso subsiste… aunque frecuentemente ignoramos aquello que a
cada uno nos hace tan importante… Y en el caso de que lográramos a duras penas atisbarlo,
no hay que dar por sentado que también lo intuya la empresa que nos ha contratado…
Las gerencias suelen ver sus necesidades como puestos vacantes a llenar con personas
a las que, aunque les exijan habilidades, consideran descartables…
La
procreación ha subsistido también, sí… pero algo que habría sido inseparable de
las maravillas del amor y del conocimiento… es ahora una tendencia no
necesariamente ligada a tales magníficas realidades, sino que puede verse
mezclada con toda clase incertidumbres, desencuentros, angustias e
incomprensiones… y también con toda clase de males, muchos de ellos
provenientes de un egoísmo que habría sido impensable…
Y
así tantas bondades subsisten en nosotros y a nuestro alrededor como frágiles
maderos, piezas dispersas, restos de un naufragio…
Las
exigencias que proceden de las Palabras de Cristo no son otra cosa que la
reparación del daño. Pues no se trata de otra cosa que de la salud de nuestra
alma enferma… Es la restauración de una nave dañada a efectos de evitar su definitivo
hundimiento… y para disponerse a ser rescatada…
Vemos
eso como exigencias porque en nuestra naturaleza están ambas tendencias… Ambas
tendencias mezcladas… Es que la naturaleza misma está lastimada…
Parecería
evidente que la desnudez fuera algo natural… sin embargo, es también evidente
que la desnudez es carencia y no algo propio de nuestro ser...
A
causa la búsqueda de lo placentero, la promiscuidad podría parecer como si
fuera natural... Sin embargo, su práctica hace de los humanos algo peor que las
bestias, y pronto encuentran en ello angustia, oscuridad y amargura… por lo
cual es evidente que más natural aún es evitarla…
La
enfermedad y la muerte aparecen también como si fueran naturales… Sin embargo,
también nos producen un rechazo tal como algo verdaderamente impropio de nuestra
naturaleza...
Si
no somos conscientes de la estirpe de la cual provenimos… corremos el grave
riesgo, el gravísimo riesgo, de creer que lo único que hay es lo que vemos... Lo
cual es, sin dudas, fuente de toda clase de males...
Y
como estamos en el mundo en el que estamos, y en los tiempos en que estamos,
muchísimos de esos males son, por muchos, aceptados; por las legislaciones,
avalados; por las farmacias, vendidos; y por locutores, promocionados...
Seres
de luz hemos sido… un destello, aunque tenue, persiste en nosotros… No somos
otros que aquellos desterrados hijos de Eva…
Aun
errantes en la noche añoramos la fuente luz y de bondad de la cual
provenimos... Acaso eso haya de bastar como signo…
Hijos
de la Luz estamos llamados a ser… y ha de ser diferente,
de un modo aún más perfecto que lo que habríamos sido…
No por mérito nuestro, ciertamente…
sino por ser Quien Es quien viene en nuestro auxilio…
